y tu para cuando

Aceptémoslo, muchas de nosotras entramos en pánico por no tener hijos antes de los 30, yo lo empecé a sentir a los 27. Felizmente casada y sin hijos me encontré en la encrucijada de tomar la decisión si me sentía o no lista para ser mamá. Y aunque si quería tener hijos –eventualmente- después de viajar a por lo menos 20 países del mundo, sacar mi maestría y comprar la casa de mis sueños, no estaba segura si realmente podía traer a alguien al mundo.

Las preguntas entorno a bebés se volvían cada vez más constantes, en nuestro alrededor cada vez más personas preguntaban “y ustedes para cuando” y cada vez que había un bebé cerca se nos insinuaba que era momento de empezar a “practicar con el bebé”. Los padres –naturalmente- nos entregaban a sus bebés, como si cargarlos por dos segundos iba a convencernos de querer tener uno. Mirando a mi esposo, con sonrisa nerviosa y brazos firmes, manteniendo al bebé lo más alejado posible, me preguntaba si realmente estábamos listos para ese reto tan grande.

En ese momento me sentía con la obligación de contestar a estas preguntas o insinuaciones sin ni siquiera saber la respuesta. Porque en realidad no sabía si me sentía lista para ser mamá y me sentía presionada por la idea de que tenía que tener hijos antes de los 30 por el riesgo de no poder tener hijos nunca.

Esto generaba una presión muy grande por tener que cumplir con las expectativas de tenerlo todo: esposo, casa, trabajo y familia antes de los 30.

Y aunque es cierto que existe una baja en la fertilidad conforme pasa el tiempo, los estudios muestran que ésta baja no es necesariamente tan significativa como para alertar a las mujeres mayores de 30 años a tener hijos lo más pronto posible por el riesgo de no quedar embarazada.

Yo tuve a mi bebé cumpliendo mis 30 años y siendo sincera, nunca me sentí 100% lista para traer a una persona al mundo. Sin embargo, fue una decisión que tomamos sin presiones ni insinuaciones de nadie, fue mi esposo y yo reconociendo de que teníamos miedo de no saber como iban a cambiar nuestras vidas pero que aún así íbamos a hacerlo.

Debemos de empezar a cuestionar si estamos poniendo más presión de la que deberíamos a nuestras amigas, colegas o hermanas sobre tener hijos antes de los 30, o inmediatamente después de casarse. Tanto ellas como nosotras estamos conscientes de nuestro reloj biológico: y es que tener hijos no es como olvidar ir al doctor, recordarte una hora después y ¡Enterarte que la clínica ya está cerrada!.

Te pregunto: Qué te gustaría decirle a las personas que te preguntan: ¿Para cuando?.

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